Las leyendas locales afirman que los gigantes los usaban para elaborar vino de arroz.
Los arqueólogos acaban de enterrar esa teoría. Bien. Parcialmente.
Los excavadores en el norte de Laos abrieron una enorme vasija de piedra. Encontraron huesos. Treinta y siete personas de ellos. Algunos se remontan a más de un milenio. Este descubrimiento sacude los cimientos de lo que creemos saber sobre la “Llanura de las Jarras”. Esto sugiere que estas piedras de mil toneladas no eran sólo decorativas. Eran criptas.
El nuevo estudio aparece en la edición de agosto de Antiquity.
Un cementerio secundario
El frasco específico en cuestión se encuentra en el bosque. Aproximadamente setenta kilómetros al noreste de Phonsavan. En la meseta de Xieng Khouang.
Es enorme. Más de dos metros de ancho. ¿Adentro? No esqueletos. Sólo fragmentos. Huesos sueltos. Ceniza.
Esto apunta a prácticas de entierro secundario. Los cuerpos se pudrieron primero en otro lugar.
Quizás en frascos más pequeños cercanos. Nicholas Skopal, arqueólogo de James Cook Queensland, lo llama destilación. No de vino. De carne.
“Toman los huesos y los ponen… en este frasco grande”.
Así, la gran piedra actúa como un armario comunitario para los difuntos. Una vez que las partes blandas desaparecen, los huesos pasan al archivo principal.
Viejos mitos Nueva ciencia
La gente ha contemplado estas rocas durante décadas. La exploradora francesa Madeleine Colani lo visitó en la década de 1930. Rechazó la idea de que los lugareños almacenaran grano o agua en ellos. Colani supuso que eran para los muertos.
Nadie escuchó. Principalmente porque la región está minada con municiones sin detonar de la guerra de Vietnam. Limpiar esa basura todavía es un trabajo en progreso.
Así que el misterio se enconó.
Ahora Skopal confirma que Colani tenía razón sobre el aspecto del entierro. Pero la línea de tiempo se reescribió. La datación por radiocarbono muestra que los huesos tienen aproximadamente mil años. Más joven que las propias piedras. Colani pensó que los frascos tenían dos milenios de antigüedad.
¿Los residentes posteriores simplemente tomaron prestados los muebles antiguos para sus propios ritos? Tal vez. El budismo llegó más tarde. Trajo la cremación. La vasija contenía cenizas y fragmentos quemados. Eso encaja.
¿Quién construyó esto?
Miriam Stark, de la Universidad de Hawaii, observa con interés cómo se desarrolla esto. Ella no participó en la excavación, pero esperaba ver esta evidencia.
“Este es un montaje mortuorio colectivo”.
Pero ella hace la verdadera pregunta. ¿Dónde durmieron?
No se han encontrado casas cerca de las tinajas. No hay marcadores claros de qué cultura empuñaba los cinceles. Tenemos el cementerio. No tenemos el vecindario.
¿Quiénes eran estas personas? Quizás nunca encontremos la respuesta solo en la piedra. La tierra guarda sus propios secretos. A veces, más profundo de lo que puede ocultar la tapa de un frasco.
