Los pájaros aún no están muertos. La Generación Z no está de acuerdo.

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Cincuenta años. Sólo cincuenta. En ese lapso, Gran Bretaña perdió 73 millones de aves silvestres. Ese número está grabado en mi cabeza como una piedra. Pesado. El British Trust for Ornithology hizo el recuento. No están adivinando. El hábitat desapareció. Los pesticidas quemaron el suelo. Los gatos hicieron lo peor. El clima se calentó. El resultado fue obvio. Menos aves de las que hemos visto en la historia moderna.

Durante mucho tiempo a los niños no les importó.

¿Cómo pueden? Nunca han visto lo que no estaba allí. Los psicólogos lo llaman “síndrome de cambio de línea de base”. Cada generación toma el mundo degradado actual como su nueva normalidad. Miran un cielo tranquilo y piensan así es como es. El declive es invisible para ojos que no han visto el pasado. Un silencio trágico.

Pero la Generación Z dejó de mirar hacia otro lado.

Ellos miraron hacia arriba. Y luego descargaron una aplicación. Merlin Bird ID convirtió un pasatiempo en un juego. Las redes sociales convirtieron los datos en memes. La observación de aves se volvió cool. Ya no se trataba de guías de campo polvorientas ni del silencio en el bosque. Se trataba de conectar. Punteo. Intercambio.

Robert Macfarlane habla de este cambio. Jess Painter también. Ella está en el consejo juvenil de la RSPB. Ella ve lo que está sucediendo en el terreno. Están recuperando el coro del amanecer. Un pájaro a la vez.

No se trata sólo de ver. Se trata de testificar.

¿Por qué se necesitó un algoritmo para que la gente mirara por las ventanas?

El declive no se detiene. Los números no mienten. Pero la atención ha cambiado. Los jóvenes no esperan que un libro de texto les diga lo que falta. Lo están encontrando. En el ruido de una comida, encontraron el sonido de alas. Es extraño, de verdad. Pasamos décadas perdiendo el paisaje. Fue necesario un teléfono para volver a enfocar parte de ello.

Los pájaros son aún menos de lo que deberían.

Pero ahora se ven. Realmente visto. ¿Qué pasa después? Quizás sigamos buscando. Quizás el desplazamiento se ralentice. O tal vez el cielo cada vez se vuelve más tranquilo. No sé. Pero ayer vi un gorrión. Hice una pausa. Por un segundo. Sólo uno.