Justus von Liebig no era sólo un científico. Era una autoridad. Nacido en Darmstadt el 12 de mayo de 1803, murió en Munich el 18 de abril de 1873. Entre esas fechas, reformuló la forma en que entendemos las reacciones químicas.
Trabajó en química orgánica y bioquímica. También transformó la ciencia agrícola. Sus métodos eran simples. Eso los hizo poderosos.
“Era considerado la autoridad final en materia química”.
Liebig demostró que los radicales libres existen. Aclaró cómo se comportan los ácidos. Inventó técnicas analíticas que agilizaron su investigación. Estudió fluidos y tejidos corporales. Mostró que las plantas usan dióxido de carbono, agua y amoníaco para sobrevivir.
Su reputación se hizo enorme. La gente lo trataba como la voz definitiva en química. Este estatus lo colocó a menudo en medio de disputas científicas. No rehuyó la polémica.
Su trabajo todavía importa. Explica cómo crecen las plantas. Explica cómo nuestros cuerpos procesan los nutrientes. Los sistemas que construyó siguen siendo fundamentales.



























