Contaminación por desechos espaciales: una amenaza creciente para la atmósfera de la Tierra

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El creciente número de naves espaciales y satélites en órbita está creando una nueva forma de contaminación atmosférica, a medida que los metales vaporizados por la combustión de cohetes y los desechos se acumulan en la atmósfera superior. Estudios recientes han confirmado que esto no es sólo teórico: el reingreso de un cohete SpaceX Falcon 9 a principios de 2025 liberó una columna detectable de litio y otros metales sobre Europa, lo que demuestra el impacto directo de las actividades espaciales en la química atmosférica.

El problema con el reingreso

A medida que los lanzamientos espaciales se vuelven más frecuentes (impulsados por empresas como SpaceX y Amazon que expanden las megaconstelaciones de satélites), se queman más materiales durante el reingreso. La práctica actual de permitir que los satélites caigan y se quemen al final de su vida, aunque tiene como objetivo evitar colisiones, ahora se reconoce como una fuente importante de contaminación. Los expertos predicen que los desechos espaciales podrían aumentar 50 veces en la próxima década, rivalizando en masa con la afluencia natural de meteoritos.

La idea errónea de que estos escombros simplemente “desaparecen” al quemarse es incorrecta. Los metales vaporizados, en particular el aluminio, reaccionan con la atmósfera para crear partículas que catalizan la destrucción del ozono, forman nubes a gran altitud y alteran la penetración de la luz solar. Solo la columna del Falcon 9 contenía aproximadamente 30 kilogramos de litio, pero mucho más aluminio, liberando aproximadamente 1000 toneladas de óxido de aluminio a la atmósfera anualmente.

Agotamiento del ozono e impacto climático

Las consecuencias de esta contaminación son potencialmente graves. Las partículas de óxido de aluminio aceleran la descomposición del ozono en la estratosfera, amenazando con expandir el agujero de ozono en el hemisferio sur, una inversión de los recientes avances logrados mediante la eliminación gradual de sustancias químicas que agotan la capa de ozono. El aumento de la radiación ultravioleta que llega a la superficie plantea mayores riesgos de cáncer de piel.

Además, las partículas de óxido metálico pueden actuar como núcleos de condensación, promoviendo la formación de cirros en la troposfera superior. Estas nubes atrapan calor, contribuyendo al calentamiento global, aunque el impacto actualmente es menor que el de los gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono.

La necesidad de prácticas espaciales sostenibles

Los científicos exigen una evaluación más exhaustiva de estos efectos. La rápida expansión de las constelaciones de satélites, con SpaceX buscando la aprobación para 1 millón más, exige precaución. Las soluciones propuestas incluyen el uso de materiales satelitales alternativos (aunque incluso la combustión de madera libera contaminantes) o el envío de satélites retirados a “órbitas de cementerio” de gran altitud.

“Necesitamos tomarnos un poco de tiempo y pensar en lo que estamos haciendo antes de hacerlo”, dice el físico atmosférico Robin Wing. “Esta explosión de satélites… es muy rápida y no sabemos las consecuencias”.

El crecimiento desenfrenado de las actividades espaciales corre el riesgo de deshacer décadas de progreso ambiental. Un cambio hacia prácticas espaciales sostenibles es fundamental para proteger la atmósfera de la Tierra de esta fuente de contaminación emergente.