Contrariamente a la creencia popular, la gran mayoría de los adultos de alto rendimiento (desde campeones olímpicos hasta premios Nobel) no eran niños prodigio. Una revisión exhaustiva de 19 estudios, que abarcan a casi 35.000 empleados de alto rendimiento, revela que las experiencias tempranas amplias, en lugar de una especialización intensa, están más fuertemente vinculadas con la excelencia a largo plazo. Esto desafía la noción ampliamente extendida de que impulsar a los niños a una formación hiperconcentrada es la clave para el éxito futuro.
El mito del principiante
Durante años, se ha supuesto que un alto rendimiento temprano en un campo predice de manera confiable el estatus futuro de clase mundial. Sin embargo, los datos pintan un panorama diferente. Sólo alrededor del 10% de los atletas adultos de talla mundial tuvieron un alto desempeño en su juventud, y solo el 10% de los mejores atletas juveniles llevan ese éxito hasta la edad adulta. El estudio destaca que el 82% de los atletas juveniles de nivel internacional nunca alcanzan el mismo nivel que los seniors, y el 72% de los internacionales senior nunca alcanzaron el mismo estatus que los juniors. Esta es una idea crítica porque sugiere que el dominio infantil no es un indicador confiable del potencial a largo plazo.
Los beneficios de una amplia experiencia
La revisión encontró que los adultos más exitosos generalmente desarrollaron su competencia gradualmente, participando en una gama más amplia de actividades antes de centrarse en su área final de especialización. Este enfoque cultiva habilidades de aprendizaje más flexibles y ayuda a las personas a descubrir disciplinas que se alinean con sus fortalezas. Como señala Arne Güllich de RPTU Kaiserslautern, “Si entendemos que la mayoría de los artistas de clase mundial no fueron tan notables o excepcionales en sus primeros años, esto implica que un desempeño temprano excepcional no es un requisito previo para un desempeño de clase mundial a largo plazo”.
Evitar el agotamiento y encontrar la opción adecuada
Una intensa especialización temprana puede ser contraproducente. Los programas de entrenamiento de alta presión aumentan el riesgo de agotamiento, lesiones y quedar atrapado en una disciplina que ya no les brinda alegría. Una experiencia más amplia permite a las personas explorar diferentes caminos, lo que potencialmente conduce a una mejor adaptación a largo plazo. La investigación sugiere que alentar a los niños a participar en múltiples disciplinas durante varios años tiene más probabilidades de producir una excelencia sostenida que centrarse demasiado en una sola habilidad.
Implicaciones para el desarrollo del talento
Este estudio pone en duda la eficacia de los programas diseñados para identificar y acelerar el talento inicial. Estas iniciativas pueden pasar por alto a los futuros empleados de alto desempeño y priorizar las ganancias a corto plazo sobre el éxito a largo plazo. David Feldon, de la Universidad Estatal de Utah, enfatiza la importancia de fomentar no solo la experiencia, sino también “hacerlo de una manera que sea saludable y productiva, y que conduzca al mejoramiento de las personas en un sentido más amplio”.
La evidencia indica que dar prioridad al desarrollo integral sobre la especialización temprana puede ser un camino más eficaz para cultivar la excelencia duradera. El enfoque debería pasar de identificar prodigios a nutrir individuos adaptables y resilientes que puedan prosperar a largo plazo.































