El planeta se está calentando a un ritmo acelerado y 2024 marcará el primer año completo en que se superen 1,5 °C los promedios preindustriales. A pesar de los esfuerzos en curso para reducir las emisiones y ampliar las tecnologías de eliminación de carbono, estos pueden resultar insuficientes para evitar un cambio climático catastrófico. Esta realidad obliga a realizar un examen serio de todas las posibles intervenciones, incluido el controvertido pero potencialmente vital campo de la gestión de la radiación solar (SRM).
La lógica de la reflexión
La Tierra refleja naturalmente alrededor del 30% de la luz solar entrante. Incrementar esta reflexión incluso por un pequeño margen (al 31%, por ejemplo) podría actuar como un escudo térmico planetario temporal, ganando tiempo mientras se afianzan esfuerzos de descarbonización más profundos. La idea no es nueva; en 1965, los asesores científicos estadounidenses bajo la dirección de Lyndon B. Johnson lo propusieron como una solución de último recurso. La erupción del Monte Pinatubo en 1991 demostró este principio, enfriando el planeta aproximadamente 0,5°C mediante la inyección de dióxido de azufre en la estratosfera.
Inyección de aerosoles estratosféricos (SAI): una exploración científica
Los modelos sugieren que inyectar aproximadamente 12 millones de toneladas de dióxido de azufre (SO₂) anualmente en la estratosfera podría compensar 1°C de calentamiento, una fracción de las emisiones industriales actuales pero con un efecto de enfriamiento significativo. Esto no sustituye a los recortes de emisiones. Detener el despliegue del SAI a mitad del despliegue daría como resultado un rápido calentamiento de rebote, y las intervenciones mal coordinadas podrían alterar los patrones de precipitación. Sin embargo, estos riesgos subrayan la necesidad de una investigación rigurosa, no de descartar el concepto.
Por qué la investigación es esencial
Algunos argumentan que el potencial de uso indebido hace que la investigación de SRM sea inaceptable. Esto es contraproducente. Una investigación abierta y cuidadosamente controlada puede aclarar si la SRM podría implementarse de manera segura y efectiva, particularmente para las poblaciones vulnerables. También permite la identificación temprana de riesgos y modos de falla, reduciendo la probabilidad de una implementación imprudente.
Pruebas por fases: un enfoque responsable
La comunidad científica cuenta con protocolos bien establecidos para evaluar intervenciones riesgosas. Así como la medicina emplea ensayos clínicos por fases, la investigación de SRM debe seguir un programa estructurado y por etapas. Esto comienza con la “fase cero” (trabajo de laboratorio y modelos informáticos) que han predicho con precisión las consecuencias del aumento de las emisiones pero requieren validación en el mundo real.
Fases de prueba propuestas:
- Fase uno: Liberar 10 toneladas de SO₂ en altitud, una cantidad insignificante en comparación con las emisiones industriales, para estudiar la formación y el comportamiento de aerosoles. Esto probaría la precisión del modelo sin impacto climático.
- Fase dos: Aumentar la liberación a 100-1000 toneladas, aún mucho más pequeña que una erupción volcánica, para examinar la mezcla y dispersión de aerosoles. Esto evaluaría cómo las partículas se propagan e interactúan con la circulación estratosférica.
- Fase tres: Iniciar un enfriamiento reversible a pequeña escala (p. ej., 0,1 °C en cinco años) bajo estricta supervisión, permitiendo un seguimiento y una evaluación continuos.
Gobernanza y Transparencia
Cualquier implementación de SRM debe regirse por un marco sólido que garantice la transparencia, la rendición de cuentas y la participación de diversas partes interesadas. La Agencia de Invenciones e Investigación Avanzada (Aria) del Reino Unido ha dado un primer paso en esta dirección, financiando proyectos para determinar la escala mínima para experimentos significativos.
Conclusión
Es posible que el mundo nunca necesite reflejar la luz del sol. Sin embargo, ignorar el potencial de la investigación de SRM no es una estrategia viable. Si las condiciones empeoran, debemos estar preparados para tomar decisiones informadas basadas en evidencia, no en miedo. Invertir ahora en experimentación transparente y controlada es la única manera de garantizar que cualquier elección futura (ya sea proceder, rechazar o perfeccionar la SRM) se base en la realidad. Esperar demasiado para conocer las respuestas podría resultar catastrófico.































