El T. Rex caminaba como un pollo de ocho toneladas, sugiere un nuevo estudio

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Investigaciones paleontológicas recientes están cambiando la forma en que visualizamos al Tyrannosaurus rex, el depredador icónico del período Cretácico tardío. Si bien reconstrucciones anteriores describían al dinosaurio como un gigante pesado, un nuevo análisis de huellas fosilizadas y estructura ósea revela que el T. rex se movía con un andar sorprendentemente parecido al de un pájaro: caminaba de puntillas de manera muy similar a los pollos o avestruces modernos.

La huella de un pájaro

El estudio, publicado en Royal Society Open Science, desafía suposiciones anteriores sobre cómo el T. rex distribuyó su peso y se impulsó hacia adelante. Los modelos anteriores a menudo representaban al dinosaurio caminando con el talón primero, como si sus pies fueran bloques rígidos e inflexibles. Sin embargo, el análisis biomecánico muestra que la estructura del pie del T. rex y las huellas fósiles se alinean con la locomoción digitígrada que se observa en muchas aves hoy en día: aterrizar sobre los dedos de los pies en lugar de sobre todo el pie.

Esto es significativo porque significa que el T. rex podría haberse movido de manera más eficiente de lo que se creía anteriormente. Las aves utilizan este modo de andar para reducir el tiempo de contacto con el suelo y realizar una transición fluida entre caminar y correr, lo que permitió a especies más grandes como los avestruces alcanzar velocidades de hasta 43 millas por hora.

Por qué esto es importante

El descubrimiento destaca el vínculo evolutivo entre los dinosaurios y las aves modernas. Ya se sabía que el T. rex compartía muchas características con las especies de aves, incluidas las plumas y la estructura ósea, pero esto refuerza la idea de que su locomoción también era más parecida a la de un pájaro de lo que se suponía.

Adrian Boeye, un estudiante universitario que dirigió el proyecto, explica que las reconstrucciones anteriores simplificaron demasiado la mecánica del pie del dinosaurio. Al tratar las patas como rígidas, los científicos pasaron por alto detalles clave sobre cómo interactuaba el animal con su entorno.

Implicaciones para la paleontología

El estudio obliga a los paleontólogos a reevaluar cómo reconstruyen el movimiento de los dinosaurios. Si el T. rex se movía de puntillas, sugiere que otros terópodos grandes pueden haber adoptado andares similares. Esto podría explicar cómo estos enormes depredadores pudieron perseguir a sus presas y mantener su agilidad a pesar de su tamaño.

Como señala el paleontólogo Steve Brusatte, los hallazgos pintan una imagen extraña pero fascinante: un pollo de ocho toneladas cacareando en el paisaje prehistórico. Esto refuerza el hecho de que incluso las criaturas más temibles del pasado pueden haber tenido similitudes sorprendentes con los animales que viven hoy.

La comprensión actualizada de la forma de andar del T. rex proporciona una pieza crucial en el rompecabezas de la biomecánica de los dinosaurios, reduciendo la brecha entre los gigantes extintos y sus descendientes modernos.