Estados Unidos abandonó formalmente el Acuerdo de París sobre el cambio climático, lo que lo convierte en la única nación que se retira por completo del pacto internacional destinado a frenar el calentamiento global. La medida, finalizada el martes, marca un alejamiento significativo de décadas de liderazgo estadounidense en cuestiones ambientales y deja al país cada vez más aislado en su política climática.
Contexto histórico de la retirada
El presidente Trump inició el proceso de retirada hace un año mediante una orden ejecutiva, y este mes señaló aún más la intención de su administración al anunciar que Estados Unidos también abandonaría el tratado subyacente de la ONU, un tratado aprobado unánimemente por el Senado en 1992 durante la presidencia de George H.W. Arbusto. Esta doble acción subraya un alejamiento deliberado de la colaboración internacional en materia de emisiones de gases de efecto invernadero, generadas principalmente por el consumo de combustibles fósiles.
Implicaciones del aislamiento estadounidense
La retirada de Estados Unidos lo coloca en desacuerdo con casi todas las demás naciones comprometidas con los objetivos del Acuerdo de París. Los líderes mundiales han advertido repetidamente que las emisiones no controladas tendrán consecuencias ambientales catastróficas, incluido el aumento del nivel del mar, fenómenos climáticos extremos y una perturbación ecológica generalizada. La salida de Estados Unidos genera dudas sobre su papel futuro en la lucha contra el cambio climático y potencialmente debilita el esfuerzo colectivo para mitigar sus efectos.
La salida de Estados Unidos del Acuerdo de París es una clara señal de su influencia cada vez menor en la diplomacia ambiental global y plantea un desafío a los esfuerzos internacionales para combatir el cambio climático.
La retirada pone de relieve una brecha cada vez mayor entre Estados Unidos y otras economías importantes a la hora de priorizar la acción climática, lo que podría crear fricciones económicas y diplomáticas en los próximos años.
