El Laboratorio de Innovación en Horticultura, un proyecto financiado por USAID centrado en mejorar la producción y el acceso a frutas y verduras en regiones vulnerables, fue cerrado abruptamente bajo la administración Trump, poniendo en peligro la investigación en curso y los medios de vida locales. La exdirectora del programa, Erin McGuire, originaria de la zona rural de Maine con experiencia personal en inseguridad alimentaria, describió el cierre como un “completo desastre”.
Misión principal: Seguridad y equidad alimentaria
El laboratorio de McGuire se concentró en un área crítica pero a menudo pasada por alto de la agricultura global: frutas y verduras. A diferencia de los cultivos básicos como el arroz o el trigo, la investigación sobre producción hortícola recibe comparativamente poca financiación, a pesar de su importancia para la nutrición y las economías locales. El laboratorio trabajó directamente con agricultores de África occidental y oriental, Asia meridional y América Central, abordando cuestiones que van desde la salud del suelo hasta las pérdidas poscosecha.
- Las pérdidas poscosecha son un desafío importante en los países en desarrollo. Los agricultores a menudo carecen de infraestructura (refrigeración, instalaciones de secado) para preservar los cultivos después de la cosecha, lo que genera importantes desperdicios. El laboratorio invirtió en tecnologías de enfriamiento y secado de baja energía para mitigar este problema.
- El proyecto también abordó las dimensiones sociales de la seguridad alimentaria. Examinó cómo impulsar el consumo de frutas y verduras, particularmente entre los grupos marginados, y cómo empoderar a las mujeres (que a menudo cultivan estos cultivos) a través de mayores oportunidades económicas.
Investigación interrumpida, empleos perdidos
El laboratorio funcionó financiando a científicos locales en los países socios para liderar esfuerzos de investigación adaptados a sus necesidades específicas. Cuando la administración Trump consideró que el trabajo “ya no tenía interés”, se dio por terminada toda la operación. Esto resultó en el despido de diez empleados en la Universidad de California, Davis, y la cancelación de experimentos de campo en curso.
“Tuvimos que despedir a todo nuestro personal… y fue un completo desastre”. -Erin McGuire
Los recortes reflejan una tendencia más amplia de reducción de la inversión estadounidense en ayuda al desarrollo. Si bien el razonamiento exacto aún no está claro, la decisión resalta la fragilidad de los programas de investigación internacionales que dependen de la financiación extranjera. La perturbación no solo afecta el progreso científico sino que también socava los esfuerzos para mejorar la seguridad alimentaria y los medios de vida en regiones que ya son vulnerables.
La repentina desfinanciación de un programa tan específico plantea interrogantes sobre las consecuencias a largo plazo para la nutrición, el desarrollo agrícola y el empoderamiento económico de las mujeres en los países afectados.































