Robert Trivers, un biólogo evolutivo ferozmente independiente y a menudo controvertido, conocido por su trabajo innovador sobre la cooperación, la competencia y el engaño en humanos, murió el 12 de marzo a la edad de 83 años. Su muerte, confirmada por su familia, se produjo en la casa de su hija Natasha Trivers Howard. La causa de la muerte no fue revelada.
Un erudito rebelde
Trivers era una figura poco convencional dentro del mundo académico. Desafió abiertamente las normas científicas establecidas, describiendo la psicología como poco más que “conjeturas en competencia” y criticando la física por sus vínculos con la guerra. Su carrera estuvo marcada por la brillantez intelectual junto con un comportamiento errático, incluida la participación con los Panteras Negras, frecuentes disputas con colegas e incluso apoyo vocal al delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein, de quien aceptó financiación para la investigación.
Su vida personal fue tan turbulenta como su investigación. Era conocido por portar un cuchillo para defenderse y, según quienes lo conocían, a menudo aparecía bajo los efectos de sustancias. Pese a ello, sus aportes científicos fueron significativos.
Perspectivas evolutivas del comportamiento humano
Trivers saltó a la fama a principios de la década de 1970 con una serie de artículos que aplicaban la teoría de la selección natural de Darwin a las interacciones sociales. Sostuvo que los principios evolutivos estaban críticamente ausentes en la comprensión cotidiana del comportamiento humano. Su trabajo exploró cómo los factores genéticos influyen en la cooperación, la competencia y el engaño.
David A. Haig, biólogo evolutivo de Harvard, describió a Trivers como “diferente a cualquier otro académico”, sugiriendo que fácilmente podría haber sido “un matón” en otra vida. Esto refleja tanto la intensidad de la personalidad de Trivers como su voluntad de ignorar los límites convencionales en la búsqueda de la verdad científica.
Legado y controversias
El legado de Trivers sigue siendo complicado. Si bien su investigación revolucionó la biología evolutiva, su conducta personal y sus controvertidas asociaciones eclipsaron sus logros para muchos. Su voluntad de desafiar la autoridad, tanto científica como social, lo convirtió en una figura polarizadora.
El trabajo de Robert Trivers obligó a reevaluar cómo entendemos el comportamiento humano, incluso cuando su vida demostró las complejidades y contradicciones inherentes a las mismas fuerzas que estudió.
Su muerte marca el final de una era para la biología evolutiva y deja atrás un conjunto de trabajos que seguirán generando debates e inspirando investigaciones para las generaciones venideras.































