Nuevas pautas dietéticas sobre las grasas: una mirada crítica a la ciencia

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Las Guías Alimentarias para los Estadounidenses publicadas recientemente han provocado un debate entre los expertos en nutrición, particularmente en relación con su cambio de perspectiva sobre las grasas dietéticas. Si bien las directrices ahora incluyen las grasas saturadas como la mantequilla y el sebo de res junto con el aceite de oliva como “grasas saludables”, los principales científicos argumentan que este cambio contradice décadas de investigaciones establecidas que vinculan el consumo de grasas saturadas con un mayor riesgo cardiovascular.

La reversión de consejos de larga data

Durante años, la orientación nutricional favoreció las grasas insaturadas de fuentes vegetales sobre las grasas animales. Sin embargo, las nuevas directrices parecen dar prioridad a las grasas de origen animal, una medida que algunos expertos atribuyen a la influencia de la industria más que al consenso científico. El Comité Asesor de Guías Dietéticas 2025, en su informe de diciembre de 2024, no enfatizó la carne y los lácteos, sin embargo, los documentos finales de la agencia resaltaron estos alimentos. Esta discrepancia genera preocupaciones sobre la objetividad del proceso.

Por qué las grasas saturadas siguen siendo problemáticas

Los estudios epidemiológicos demuestran consistentemente que reemplazar las grasas saturadas con grasas poliinsaturadas genera importantes beneficios para la salud. Según la Dra. Deirdre Tobias de la Facultad de Medicina de Harvard, esto incluye un riesgo reducido de enfermedades cardíacas, diabetes y mortalidad por todas las causas. El énfasis en las grasas saturadas en las nuevas directrices va en contra de este conjunto de pruebas.

Las grasas saturadas, como las que se encuentran en la manteca de cerdo, la mantequilla y el aceite de coco, aumentan los niveles de colesterol LDL (“malo”), lo que aumenta el riesgo de ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares. Si bien algunos estudios sugieren un impacto mínimo para las personas de bajo riesgo, aquellos con problemas cardiovasculares preexistentes ven beneficios sustanciales al reducir la ingesta de grasas saturadas y reemplazarlas con alternativas poliinsaturadas.

El factor calórico y la densidad de nutrientes

Más allá de los riesgos directos para la salud, el cambio hacia un mayor consumo de grasas genera preocupaciones sobre la ingesta de calorías. Las grasas contienen nueve calorías por gramo, frente a las cuatro de las proteínas y los carbohidratos. Esto significa que una mayor ingesta de grasas puede conducir fácilmente a un consumo excesivo si no se equilibra cuidadosamente con otros nutrientes.

Los consejos dietéticos anteriores priorizaban los lácteos bajos en grasa y las opciones de origen vegetal para maximizar la densidad de nutrientes y al mismo tiempo controlar las calorías. Las nuevas directrices pueden inadvertidamente fomentar una mayor ingesta de calorías con menos nutrientes esenciales si las personas reducen los alimentos ricos en fibra en favor de opciones con toda la grasa.

Aceites de semillas: aliados incomprendidos

Las directrices también omiten la discusión sobre los aceites de semillas (soja, canola, lino), que han recibido críticas injustas. Estos aceites son ricos en grasas poliinsaturadas, incluidos los ácidos grasos esenciales omega-3 y omega-6. Si bien existen algunas preocupaciones con respecto a la proporción de omega-6 y omega-3 en ciertos aceites de semillas, el cuerpo regula la inflamación y la conversión de ácidos grasos de manera efectiva.

Como señala la Dra. Marion Nestlé, el aumento en el consumo de aceite de semillas coincidió con las tasas de obesidad, pero esto es una correlación, no necesariamente una causalidad. Los aceites de semillas siguen siendo alternativas más saludables a las grasas saturadas, especialmente cuando se combinan con una dieta rica en pescado (para DHA y EPA) y otros alimentos ricos en nutrientes.

El resultado final

El énfasis de las nuevas directrices dietéticas en las grasas saturadas parece alejarse del consenso científico establecido. Si bien las grasas desempeñan funciones vitales en el cuerpo, priorizar las grasas saturadas sobre las opciones insaturadas conlleva riesgos, especialmente para personas con problemas de salud preexistentes. Los consumidores deben tener en cuenta la ingesta de calorías, la densidad de nutrientes y los beneficios bien documentados de las grasas insaturadas al elegir su dieta.