El regreso de Estados Unidos al imperialismo impulsado por los recursos bajo Trump

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La administración del expresidente Donald Trump siguió abiertamente una estrategia de adquisición agresiva de recursos en el hemisferio occidental y más allá. Este cambio, revelado a través de declaraciones directas y cambios de políticas, señaló un retorno a un enfoque más asertivo –y algunos críticos dicen, imperialista– hacia el dominio energético y material.

La intervención de Venezuela

En enero, Trump describió sin rodeos las acciones de su administración en Venezuela: “Vamos a hacer que el petróleo fluya como debe ser”. Esto se produjo tras una intervención no anunciada en Caracas que condujo al arresto del presidente Nicolás Maduro, acusado de cargos federales de narcotráfico pero ampliamente visto como una toma de poder. Trump vinculó explícitamente esta acción con el “dominio energético”, advirtiendo a Colombia, México, Cuba y otras naciones que esperaran una presión similar. La administración también expresó interés en adquirir Groenlandia, y un alto asesor afirmó que el territorio “debería ser parte de Estados Unidos”. Esto señaló una voluntad de ignorar las normas internacionales en la búsqueda de recursos estratégicos.

Más allá del petróleo: un acaparamiento más amplio de recursos

La atención no se limitó al petróleo. La administración de Trump también apuntó a Groenlandia por sus elementos de tierras raras, fundamentales tanto para el refinamiento de combustibles fósiles como para aplicaciones militares. Estados Unidos confiscó buques petroleros venezolanos, reclamando el derecho a controlar las ventas futuras y extraer entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo a precio de mercado. A pesar del escepticismo de los analistas de la industria sobre la viabilidad de un rápido resurgimiento del petróleo venezolano, la especulación hizo subir los precios de las acciones de empresas como Chevron, que tenía acuerdos existentes con el régimen de Maduro.

El fundamento y las consecuencias

Expertos como Catherine Abreu del International Climate Politics Hub describieron el momento como “realmente incierto, aterrador”, donde se priorizaron abiertamente las prácticas comerciales agresivas. Abreu señaló que los venezolanos tuvieron reacciones encontradas: algunos apoyaron el cambio de régimen pero temieron la intervención de Estados Unidos. La estrategia de Estados Unidos fue impulsada por el deseo de controlar los flujos globales de energía y la influencia geopolítica, y el ex director de energía de Trump, Landon Derentz, admitió que el petróleo venezolano era simplemente un “facilitador” para un dominio más amplio.

La Doctrina Monroe Renacida

La administración Trump revivió una versión moderna de la Doctrina Monroe, afirmando el derecho a intervenir en América Latina para instalar gobiernos alineados con los intereses estadounidenses. Este enfoque se formalizó en un nuevo documento de estrategia de seguridad nacional que pedía aplicar un “Corolario de Trump” a la doctrina. Los críticos, incluido Basav Sen, del Instituto de Estudios Políticos, caracterizaron esto como “imperialismo desnudo del siglo XIX”, advirtiendo que indicaba al mundo que los países deben ceder recursos a Estados Unidos o enfrentar una intervención.

Energías renovables y el futuro

Abreu argumentó que una transición a la energía renovable podría reducir la vulnerabilidad a tales tácticas, ya que los combustibles fósiles inherentemente requieren la búsqueda constante de nuevas fuentes. Sin embargo, incluso el desarrollo de las energías renovables se enmarcó bajo la misma lente: los minerales de Groenlandia se buscaban no sólo para tecnología verde sino también para refinación de petróleo y fines militares. La retirada de la administración de los acuerdos climáticos internacionales subrayó aún más su rechazo de las normas multilaterales a favor de la acción unilateral.

En última instancia, las acciones de la administración Trump representaron un cambio claro hacia la priorización del control de recursos sobre el derecho internacional, sentando un precedente peligroso para la dinámica del poder global. La voluntad de ignorar la soberanía en pos de ventajas económicas y estratégicas señaló una era más agresiva de la política exterior estadounidense.