Los láseres descubren los secretos de los invaluables especímenes de Darwin

7

Durante dos siglos, hileras de frascos de vidrio que contienen especímenes recolectados por Charles Darwin durante su innovador viaje en el HMS Beagle han permanecido sin abrir en los archivos del Museo de Historia Natural de Londres (NHM). Ahora, una nueva técnica basada en láser ha proporcionado una mirada no destructiva al interior sin precedentes, revelando los cócteles químicos que preservan estos tesoros históricos.

Las meticulosas observaciones de Darwin sobre la vida silvestre en las Islas Galápagos formaron la base de su revolucionaria teoría de la selección natural y la evolución, una piedra angular de la biología moderna. Si bien los investigadores han estudiado durante mucho tiempo el contenido visible de estos frascos (mamíferos, reptiles, peces e invertebrados), la composición precisa de los fluidos de conservación sigue siendo un misterio hasta ahora.

Por qué esto es importante: Al abrir estas muestras se corre el riesgo de sufrir daños por evaporación, contaminación o exposición al aire. Identificar los fluidos de preservación es crucial para la conservación a largo plazo, ya que diferentes químicos se degradan a diferentes velocidades y pueden reaccionar con las muestras con el tiempo. Los museos de todo el mundo albergan más de 100 millones de muestras conservadas en fluidos, muchas de las cuales son demasiado frágiles para abrirlas.

Un enfoque no destructivo: tecnología SORS

El avance proviene de la aplicación de una técnica llamada espectroscopia Raman de compensación espacial (SORS). Este método avanzado utiliza láseres para analizar la estructura molecular de los materiales sin alterarlos físicamente. La espectroscopia Raman tradicional tiene problemas con recipientes opacos como estos frascos porque la luz láser se dispersa en la superficie, enmascarando el contenido. SORS resuelve esto tomando múltiples lecturas láser en ángulos ligeramente diferentes. Restar estas lecturas revela las huellas químicas tanto del recipiente como del líquido en su interior.

Los científicos utilizaron un dispositivo SORS portátil para analizar casi el 80 por ciento de los frascos de Darwin con gran precisión. Otro 15 por ciento dio resultados parciales, mientras que sólo el 6,5 por ciento permaneció sin identificar. Este es un avance monumental en el campo de la conservación biológica.

Lo que encontraron dentro

El estudio reveló una sorprendente diversidad en los métodos de conservación. Los mamíferos y reptiles se fijaron predominantemente en formalina y se almacenaron en etanol. Los invertebrados, especialmente las medusas y los camarones, se sumergieron en formaldehído, a veces mezclado con glicerol o fenoxetol para mantener la integridad del tejido.

Estos hallazgos subrayan la variabilidad histórica en las técnicas de preservación. A finales del siglo XIX, el formaldehído se hizo popular. Los métodos anteriores incluían especias aromáticas (clavo, pimienta y cardamomo) maceradas en etanol y agua por el anatomista holandés Frederik Ruysch, o el brebaje de formaldehído, ácido pícrico y ácido acético favorecido por el histólogo francés Pol Bouin.

“Esta técnica nos permite monitorizar y cuidar estos valiosos ejemplares sin comprometer su integridad”, afirma la física Sara Mosca.

El futuro de las colecciones biológicas

Este nuevo método no se limita a la colección de Darwin. Ofrece una herramienta vital para preservar los innumerables especímenes conservados en fluidos que se encuentran en museos de todo el mundo. Al identificar de forma no destructiva los fluidos de conservación, los investigadores pueden optimizar las condiciones de almacenamiento y garantizar que estos invaluables registros biológicos perduren para estudios futuros.

La posibilidad de analizar especímenes sin abrirlos marca un punto de inflexión en la conservación biológica. Permite a los científicos salvaguardar recursos irremplazables mientras descubren los secretos que contienen.