Alerta de asteroide cercano a la colisión en 2025: un breve aumento en el riesgo de impacto

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A principios de 2025, los astrónomos evaluaron brevemente que un asteroide del tamaño de un edificio representaba una amenaza significativa para la Tierra. El asteroide, denominado 2024 YR4, fue descubierto a finales de 2024 y inicialmente se calculó que tenía una probabilidad no despreciable de impactar. Si bien el riesgo ya ha disminuido, el evento resalta la necesidad constante de sistemas de defensa planetaria.

La creciente amenaza

Las observaciones iniciales estimaron que 2024 YR4 tendría entre 40 y 90 metros de diámetro. Su órbita cruzó la trayectoria de la Tierra y la probabilidad de impacto alcanzó un máximo de aproximadamente 1 entre 32 en febrero de 2025. Este nivel de riesgo motivó su designación como 3 en la escala de Turín, lo que indica una amenaza creíble pero no catastrófica. La situación desencadenó la coordinación entre las agencias espaciales mundiales y las Naciones Unidas para evaluar posibles estrategias de desviación.

Reevaluación rápida y riesgo reducido

En cuestión de semanas, los datos de seguimiento mejorados alteraron drásticamente la evaluación. El 20 de febrero, la probabilidad de impacto había caído a 1 entre 625. Posteriormente, la NASA y la ESA confirmaron que no había riesgo de impacto a corto plazo para la Tierra. El rápido cambio demuestra la importancia de los cálculos orbitales precisos y el monitoreo continuo. Sin embargo, la trayectoria del asteroide todavía presenta una probabilidad de aproximadamente un 4% de impactar con la Luna en 2032.

Impacto lunar potencial y observación futura

Una colisión lunar podría generar datos científicos valiosos, pero también corre el riesgo de crear desechos espaciales que pongan en peligro los satélites en órbita terrestre. Las agencias han discutido misiones de desviación teórica, que van desde impactadores cinéticos hasta disrupciones nucleares, aunque el nivel de riesgo actual no justifica una acción inmediata. Fundamentalmente, el asteroide se encuentra actualmente detrás del Sol, lo que hace imposible su observación hasta 2028. Una rara oportunidad de observar con el Telescopio Espacial James Webb en febrero de 2026 puede proporcionar datos finales para la posible planificación de una misión, ya que diseñar una misión de este tipo lleva años.

El breve susto sirvió como un valioso ejercicio para los equipos de defensa planetaria, refinando los métodos de detección y los protocolos de coordinación. A pesar del bajo riesgo actual, el seguimiento continuo sigue siendo vital para garantizar la preparación futura.