Los videojuegos son algo común ahora. Alrededor del 67 por ciento de los hogares estadounidenses los juegan. Olvídese del estereotipo del adolescente solitario en un sótano. Incluso las mamás estaban jugando Tetris en secreto. Los padres solían quejarse de la violencia y de los cerebros blandos. Ahora la ciencia dice que esos temores están fuera de lugar. Las investigaciones muestran que los juegos ofrecen beneficios reales. No es sólo una pérdida de tiempo.
¿Los juegos mejoran la coordinación ojo-mano?
De hecho, los científicos probaron esto. Un estudio de la Universidad de Toronto de 2014 analizó a jugadores y no jugadores. Los jugadores jugaron shooters en primera persona durante seis meses. Los demás jugaron poco o nada durante dos años. Usaron un mouse para mantener un objeto centrado en un objetivo en movimiento. Todos empezaron mal. Los jugadores mejoraron significativamente con el tiempo. Esto demuestra que los jugadores aprenden estas tareas más rápido. No comienzan con una ventaja inicial.
Los investigadores comprobaron si los jugadores eran naturalmente mejores. Cambiaron la tarea. El objetivo se movió al azar. Nadie tuvo un buen desempeño. Esto confirmó que los jugadores mejoran a través del aprendizaje activo. No es un don genético.
Cambios en la estructura cerebral
Otro estudio de 2014 encontró resultados sorprendentes. Los adolescentes que jugaban tenían cortezas cerebrales más gruesas. Esto significa más conexiones celulares. Dos áreas se hicieron más espesas. La corteza prefrontal dorsolateral izquierda ayuda a tomar decisiones complejas y a la memoria. Los campos oculares frontales izquierdos manejan los estímulos. Esta región incluye habilidades de coordinación ojo-mano. Las áreas más gruesas sugieren una mejor cognición. Los juegos cambian físicamente la estructura del cerebro.
Aplicaciones del mundo real
¿Esto ayuda fuera de la pantalla? Un estudio de 2007 analizó a los cirujanos. Los jugadores tenían mejores habilidades en cirugía laparoscópica. Un estudio de 2013 evaluó a cirujanos que calentaban con juegos. Fueron más rápidos. Cometieron menos errores. Las habilidades se transfieren directamente a entornos de alto riesgo.
Conclusión
La próxima vez que los padres digan que su cerebro se está volviendo papilla por Call of Duty, muéstreles los datos. Quizás estés entrenando para la cirugía. La evidencia es clara. Los juegos desarrollan habilidades que importan.
